 | Toda saturación trae consigo degeneración y a la postre también destrucción, establece una ley de Filosofía de la Historia (Cfr “Leyes Agonales” de OHF)."En cierta medida, Los Simpson ya son parte de la literatura universal y son un fenómeno que va más allá del género de la serie de televisión", sostiene Henry Keazor, de la Universidad de Frankfurt. |
Keazor, especialista en pintura barroca, ni siquiera se considera una excepción dentro del ámbito de los historiadores del arte, con lo que es manifiesto que Los Simpson son ya un arte basura que se impone. Sostiene que sus colegas y él se interesan cada vez más en la televisión porque en ese espacio se crean muchas de las imágenes que imponen un sello cotidiano. No menciona, por supuesto, que hay muchas personas, llamadas intelectuales o no, que han dejado de ver la televisión para no toparse precisamente con la basura arte que pregonan Los Simpson. Empero él, en relación con Los Simpson en particular, justifica su interés al sostener que "hay una confrontación con el arte anterior para crear algo nuevo. El arte es siempre arte sobre el arte". Con ello manifiesta que simplemente coprófago del arte o en el mejor de los casos, carroñero del arte, que no del esplendor de la forma, porque Los Simpson están muy distantes de ser eplendor formalsino mas bien son resplandor vulgaris de lo informe. En favor de la tesis de este intelectual, puede decirse que, ciertamente, el uso de la parodia y la gran cantidad de referencias que el show pone en juego (hay citas a películas, canciones, hechos y frases célebres, personajes conocidos de la política, la música, el arte, la historia y el deporte) dan variedad banal a la serie y la vuelven muy representativa del paradigma hipertextual que presiden los tiempos que corren de tribus urbanas juveniles, rabos verdes morados y doncellas sin doncellez, sino todo lo contrario. Los Simpson son para enanos, que no para niños, además, una reflexión de show al estilo Moulin Rouge sobre el mundo actual, con sus complejidades y sus contradicciones, que claramente excede al público infantil y que se anima a tratar temas ríspidos de la idiosincrasia estadounidense, de la educación, de lo social, de la iglesia, de la política y de la sexualidad, como si estuvieran hechos por los iraníes o algún ayudante parisiense trasnochado de Bin Laden, en una mesa de boit de nuit. Por lo demás, muchos críticos de cine y muchos espectadores y aficionados opinan que la calidad de la trama, de la elaboración de los personajes y de la factura en general de las series es hoy basura superior a la de los films basura de basuras, o de las novelas, igualmente basureros de popularidad, pero no más. 
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