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El Regreso PDF Imprimir E-Mail
escrito por Rocío de la Luz/Juan José Cruz.   
Wednesday, 07 de May de 2008

 EL REGRESO

Cuento Salvaterrano

 

Regreso el día anterior, entrada la tarde exhausto después de la larga jornada que resulto muy accidentada por lo incomodo del vagón de ferrocarril  que lucia ruidoso y repleto de rancheros, jornaleros, mujeres bajitas y morenas como casi todas las del bajío. Ellos calzón de manta, mezclilla, gabanes terciados al hombro y el huarache duro y rechinador que tanto les gusta a los agricultores del valle de Huatzindeo ellas ataviadas con rebozos de moroleon, con los típicos mandiles de anchos holanes y bolsas delanteras, primorosamente bordados y vestidos llenos de colorines como sus pulcras trenzas, impecablemente  peinadas con anchos listones  que lucen mas brillantes a la esplendida luz del sol primavera. Al llegar a la estación pululaban  por doquier vendedores que ofrecían mercaderías y alimentos producidos en el bajío.

¡picaros de urireo, atole de masa y pepitorias! exclamaba una mujer morena y regordeta vestida con un albo vestido y su delantal colorado mientras que en el otro extremo de la estación de ferrocarril alguno ofrecia el agua miel, otro mas allá los ates de guayaba, el jocoque y los tamales de dulce de chile verde y rojo, sin faltar los rosareros que pregonaban a voz en cuello imágenes de santos milagrosos y Rosarios de Yurecuaro Michoacán, desde luego, las estampas en blanco y negro de la Virgen de la Luces  ¡Cajetas de Celaya¡ de leche de cabra, envinada y requemada.

Señores. Tengan  la prueba  marchantes decía una joven ataviada con unos hermosos collares de cuentas de colores extendiendo a los sudorosos viajeros, pruebas de cajeta en cucharillas de madera.Algo que le llamo la atención al visitante y que le permitió regresar, en un recuerdo fugaz de su infancia ya lejana fue  las muestras de la exquisita y deliciosa cortesía y amabilidad que tenían para un extranjero vestido con ropas extrañas a los ojos de los oriundos de estas tierras de Dios, que llegaba de la capital a la ciudad de sus mayores y de su infancia.

Después  de la prolongada ausencia y de su permanencia en la ciudad de México para realizar sus estudios  que había culminado con éxito, luego de sus accidentados estudios que a menudo tenia que interrumpir por la falta de recursos primero y por la inestabilidad del país pues explotaron los movimientos revolucionarios que no permitían la vida pacifica; productiva, provechosa y tranquila de los habitantes de la ciudad de México.

Apenas se detuvo el tren y los viajeros ansiosos apelotonados, en desorden buscaban ansiosamente las salidas del vagón para terminar con la incomodidad y la tortura del viaje. Al final, el viajero recogió sus pertenencias se anudo la corbata y se calo el sombrero y busco afanosamente las escaleras del vagón que lo conducirían a los andenes de la estación y al tocar tierra, sintió la frescura de los arboles y los olores del huele de noche en la fresca y nocturna primavera, asombrado y con cierta desconfianza observo la inmensa nube de luciérnagas y sintió que la luz intermitente de los insectos le cegaba la vista.  

Recordó nostálgico los idilios sostenidos con algunas de las mujeres  que había tenido en su vida y que con más de alguna tuvo romance profundo y salvaje que le despertaba emociones que nunca más volvería a sentir.--¡Señor!, ¡señor!; mientras sentía un brusco jalón en su brazo derecho.-¿le puedo ayudar? se de un lugar en donde puede pasar la noche en cama limpia y segura. El viajero trato de mirar la cara de su interlocutor pero la débil luz de la lamparilla era insuficiente y apenas distinguió una cara joven y morena, sonriente; con unos dientes blanquísimos mientras el muchacho nervioso, dándole vueltas a su sombrero de palma y con cortesía le pedía le diera su maleta de viaje para aliviarle la carga.

--Esta bien muchacho le espetó, ¿Cómo te llamas? José Fortunato  para servir a usted  y a la Santísima Virgen de las Luces, extendiéndole una mano fuerte que al sentirla el viajero le recordó lo recio y franco del temperamento salvaterrense ue el mismo había heredado de sus abuelos. Pensando que seria muy tarde para buscar a su familia decidió pedirle al muchacho  le conduciera a un buen mesón en donde se le sirviera una opípara cena pues se encontraba hambriento y un buen baño caliente que le permitiera conciliar el sueño.

Cargando la petaca, el joven se adelanto al viajero e inicio una caminata rápida por una de una ancha y pedregosa avenida. Con muy poca iluminación el viajero tropezaba y trastabillaba con peligro de caer. José Fortunato al darse cuenta de la poca costumbre que tenia el viajero para caminar por las piedras regreso poniéndose a su lado y lo tomo gentilmente de su brazo para conducirlo con suavidad por lo complicado del camino.

--Señor bien se ve que usted no tiene práctica en caminar por nuestras calles llenas de piedra y tierra le recomiendo levante sus pies a cada paso para evitar tropezar o si prefiere, podemos regresar a la estación y pedir nos lleve alguna carreta. El viajero divertido negó la oferta con la cabeza y le indico que prefería caminar.--Oye, muchacho que no recuerdo bien el camino por donde me llevas pero siento que me encuentro cerca del convento de las madres capuchinas. --No  señor estamos aun lejos lo voy a llevar rápidamente al  portal de la columna en donde hay  un buen mesón en donde podrá usted descansar y alimentase como es su deseo. Que ya mañana señor  y si usted lo desea podre servirle de guía por unos cuantos pesos.

Si, mañana te daré instrucciones para que me lleves a la casa de mi familia si es que alguien queda.--¡pero como! señor es usted de casualidad de esta tierra. No le puedo reconocer. —Si muchacho pero hace tantos años que tuve que emigrar de mi pueblo pero ahora que regreso y de noche no puedo apreciar estas calles que me vieron jugar en mi niñez. Por cierto  José Fortunato y como sigue el Rio.--Sigue igual de caudaloso.

El viajero recuerda con nostalgia las  riveras arenosas y los viejos lugares para comer,  donde se reunían las familias y amigos para convivir. El charco de tía Juana, el tizar y desde luego el magnifico espectáculo que nos ofrece el salto y los remansos tranquilos de agua que invitan a la reflexión y alimentar el espíritu. Todo rodeado de mucho follaje de los añosos sabinos enmarcado por el azul del cielo.--Señor que llegamos al mesón toque usted la puerta.

El viajero se apresuro a llamar cuando justamente en esos momentos la puerta rechinó abriéndose una de sus hojas escuchándose una voz grave, taciturna--¡Ave María purísima! --Sin pecado concebida señor. Tendrá usted alguna habitación disponible.--Adelante, dígame usted que habitación desea.--cama grande y limpia y algo que comer que estoy hambriento y cansado de mi viaje.--pues de donde viene.

--De la capital.Oportunamente, José Fortunato aprovecha el momento para despedirse del viajero deseándole que pase una buena noche y a cambio recibe unas monedas como retribución a su compañía previniéndolo para que el día de mañana pase a recogerlo y  le acompañe  en algunas visitas y diligencias.Con esmero el posadero y muy en su trabajo exclama.--para comer tengo tamales, atole de cascara, algunos buñuelos endulzados con piloncillo a nuestro estilo .le explico el posadero – habrá de dispensar que no tenga mas pues  ya es muy tarde.--adelante señor posadero, permítame lavarme para pasar a la mesa.

Luego, el posadero lo condujo a una estancia iluminada por una tenue luz en donde hay  una mesa cubierta  con un mantel blanco y almidonado, bordado con esmero con motivos de cocina se le sirve la cena en platos de barro, un jarro con atole y otro con leche con algunas piezas de pan la que una vez terminada el viajero se apresura a dar las buenas noches retirándose a su habitación  que descubre tiene una ventana que da al centro de la posada en la que se percibe un jardín con jazmines, rosales y margaritones y los corredores cubiertos por una arquería hecha de bóveda catalana adornados con macetas que contienen geranios de colores.Cansado, el viajero se dispone a dormir. 

Una cama ancha y blanca toda de latón desde donde puede apreciar un viejo ropero, una mesa y una silla sin faltar desde luego  el aguamanil. Cansado y abrumado por el viaje casi de inmediato se quedo dormido soñando con los colores azules de la lejana infancia al lado de sus hermanos y padres, tíos y abuelos en la magnifica casona salvaterrana fresca con jazmines y amapolas, escuchando los sacros coros del santuario diocesano…

Primera parte

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Última modificación ( Wednesday, 24 de September de 2008 )
 
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