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Nuestras vidas son las preñeces de nuestros deseos, los que al inicio son arroyos colorados y arcillosos del terruño, los cuales con el tiempo se hacen correrías fuertes, profundas y sin regreso. Esos son los deseos, los ríos, los años y las amistades que finalmente desembocan en el buen viaje por la vida: océano de nuestros deseos, en el cual amamos y que anhelamos ser amados, o al menos conquistar brevedad en olvidar, sin guardar rencor, o quedar en pie sin desesperar. Con amigos fieles, entre los cuales haya uno en quien confiar. Y también cuestionadores justos
Buen viaje por la vida en la que seas útil, tolerante y sirvas de ejemplo.Vive tu edad, porque cada momento tiene su placer y su pena y es preciso que fluyan.Llora, critica y ríe, sólo un instante, el resto dedícalo a construir y tendrás un castillo aún en pleno mar.No encadenes almas, sólo sostenlas y déjalas volar en el azul de tu mar. Deja que canten los jilgueros en tu casa blanca de cantera y hagan sus nidos los gorriones en los fresnos colindantes, porque de este modo te sentirás bien.Sigue la vida de la semilla, porque las plantas tienen muchas vidas y sobre ellas gira la tuya.Delimita lo propio, por más generoso que seas, para que no te conviertas en mendigo de abusones y parásitos en tu propia isla de tu mar patrimonial.Recomienza siempre y jamás dejes de amar, aún si te encuentras en total oscuridad marítima. Porque tu mar es tu tesoro si empezaste el buen viaje por la vida como arroyo. (Onésimo Herrera-Flores/12 junio/2008) |