Los Bemoles del Desarrollo Urbano.
Ave César...
A lo largo de la historia del hombre como animal político, siempre ha procurado encontrar la armonía con su entorno. Lugar en donde convive con su familia y se desarrolla interactuando con los miembros de su comunidad. Por supuesto, que procura sus obras públicas que siempre van acordes con el entorno y el espacio en el cual se desarrollan, de esta manera el hombre al dominar el espacio nace la arquitectura que no es otra cosa que el embellecimiento y la funcionalidad del entrono en el cual se desenvuelve como ente naturalmente social.
En la mayor parte de los municipios gunajuatenses, el desarrollo urbano existe de una manera limitada y podremos decir que hay, porque apenas inclusive a las calles se les ha puesto recientemente nomenclatura. Lo que constituye una falta de atención y de respeto de cualquier autoridad hacia los gobernados por no procurar los espacios necesarios para su desenvolvimiento. Claro, ello implica primero la salubridad, drenajes, agua potable, energía eléctrica, teléfono etcétera, luego, las casas que deben de tener un ordenamiento acorde con la orientación del sol, de los vientos y otra serie de requisitos necesarios para que el hombre se pueda desarrollar dentro de un marco de libertad, de comodidad. Si los gobiernos no procuran el entorno de la sociedad decíamos, que estamos faltando a una responsabilidad del gobierno, a una condición para lo cual el ciudadano ejerce su derecho de votar. Los gobiernos deben de satisfacer todas las necesidades colectivas, desde las elementales como son la seguridad y como lo es la recolección de basura hasta las más complejas de esparcimiento y embellecimiento de los entornos naturales y creados por el mismo hombre. Existen colonias en muchísimas partes del Estado que tienen treinta, cuarenta años de constituidas y aún a estas fechas no se encuentran urbanizadas. Claro, con las nuevas modalidades de estos gobiernos que le exigen al ciudadano la aportación del 50% para que le pavimenten su calle y luego aparte le conminen a firmar un documento en donde el ciudadano dona al gobierno municipal la cantidad aportada, difícilmente y de manera muy remota habrá participación social efectiva para que el hombre se desenvuelva dentro de un entorno arquitectónico que le permita vivir en familia y sociedad. Juzgue usted lector, y se lo digo con conocimiento de causa en gran parte de los municipios de nuestro estado, no existen cartas de desarrollo urbano, y si las hay, se encuentran anquilosadas y para variar, lesionan gravemente los intereses y derechos de los particulares. Y los lesionan porque las autoridades municipales les obligan a modificar sus fachadas a contentillo del ayuntamiento en turno, sin explicarles razones y fundamentos por los cuales deberían modificar sus viviendas, en cambio, algunos municipios en sus periferias se han rodeado de establecimientos en donde se desmantelan vehículos chatarra y que por supuesto afectan la visual urbana y no es posible retirarlos porque no existe carta de desarrollo urbano que procure y evite el asentamiento de esas negociaciones comerciales. Aunque se han hecho y se hacen esfuerzos importantes para ordenar el desarrollo de colonias, al grado de que ahora es delito fraccionar, no se les exige a los fraccionadores cumplan con los requisitos que la ley establece en materia de desarrollo urbano, sin embargo las cosas al menos en el último decenio el gobernante empieza a analizarlas con una visual más objetiva y futurista. No son los baches de las calles céntricas de las ciudades, es la falta de drenajes, de pavimentación para poder llevar servicios, a esto se le llama desarrollo humano y la manera de medirlo es precisamente cuando en una sociedad se cuenta con estos servicios mínimos indispensables como satisfactores colectivos. Efectivamente, gobierno del Estado exige a los municipios una carta de desarrollo urbano debidamente publicada, un plan de gobierno a tres años y un plan de desarrollo a 25 años. El problema es saber si éstos cumplen con los requisitos de manera eficiente para que permita auténticos desarrollos en las ciudades. Ya no hablo de las comunidades porque todas se encuentran abandonadas. Seguimos siendo un país en vías de desarrollo y sumidos en él. Recuerdo en los buenos años de Don Pepe López Portillo, que dijo al pueblo mexicano cuando nos descubrieron como país petrolero que deberíamos de prepararnos para la prosperidad y efectivamente nuestras generaciones nos preparamos, sólo que ya vamos de salida y a estas fechas aún no conocemos a la señora prosperidad. Nuestros gobiernos aún no encuentran el rumbo, y que conste que ya no es el partido político de antaño, ahora tenemos otro que aún no ha podido satisfacer las necesidades colectivas. Y usted lector me dirá que qué es lo que busco y le voy a contestar como aquella obra clásica de Cervantes y que es: “Lo que no hallo”
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