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El Sr. Martínez aún vive PDF Imprimir E-Mail
escrito por Juan José Cruz Zavala   
Thursday, 16 de October de 2008

Ave César….   

El Sr. Martínez aún vive 

Caminando por entre los desiertos corredores de la Presidencia Municipal de Salvatierra el señor Martínez masculla para su coleto improperios y también blasfema. 

Llega a las puertas de la alcaldía y luego a las de tesorería pidiendo lo que por derecho le pertenece.  Estas visitas se repiten varias veces a la semana mientras que sus hijas con tesón, con mayor frecuencia tocan a las puertas de la tesorería solo para que les informen que tal vez en la próxima quincena les paguen lo que se les debe.

Alguna ánima solícita le dice al señor Martínez “valla usted con pancho escobar ese si tiene pantalones y le grita al alcalde lo que vale “el señor Martínez con un ademán agradece y se va cavilando. No, este señor está chapado a la antigua aún cree en la palabra y en el honor de las personas. La familia se entrevista con regidores, con funcionarios y con políticos pidiendo intercedan por su padre para que le den lo que le pertenece. Solo promesas vagas reciben, se olvidan que la palabra del político salvaterrano es débil y falsa. Que su palabra solo vale en los tiempos electoreros. 

El señor Martínez maldice la hora en que se le ocurrió darle crédito a la Presidencia Municipal “y es que” nos cuenta “me llegó bien el alcalde Enrique Ortiz y su tesorero y me dijeron que les diera crédito que trabajarían conmigo. Precio justo y calidad en el trabajo eran los requisitos. Sólo me engañaron” y es que en realidad a este honesto artesano de la pirotecnia se le engaño vilmente, su trabajo se gasto en la segunda feria de la Candelaria organizada por Enrique Ortiz y desde entonces ni dinero y hasta el trabajo perdió. Dice “pedí prestado para fabricarles sus juegos pirotécnicos y pagué intereses y este tesorero sólo me ha dado pequeñas cantidades como si fuera un limosnero trashumante.” 

Este caso para el proveedor salvaterrense resulta normal recuerde el autor de estas líneas como al señor Miguel Zarate Ávila lo traían a las vueltas hasta que, cansado, decidió contratar abogado y luego de prolongado juicio en el cual ganó el pleito se le condeno a la Presidencia Municipal al pago de intereses moratorios y de la suerte principal de la deuda. Y ni aún así le querían pagar fundándose el alcalde en turno en que los bienes del municipio son inembargables. Hasta que les embargaron las participaciones y ahí si valla que pujó nuestro edil ante la sonrisa irónica del Sr. Zarate que se salió con la suya, es decir que le pagaron lo que era suyo. 

O como el sonado caso de los licenciados Miguel Cibrian Zavala y Arturo Lara que cuando fueron despedidos injustificadamente demandaron la reinstalación y el pago de salarios caídos y nuestra justicia terrenal falló y los reinstalaron y el contribuyente tuvo que pagar arriba de cien mil pesos a cada uno entre indemnizaciones y salarios caídos.

Trago amargo para el Ayuntamiento en turno. O como ahora en el otro caso del trabajador Gerardo Cantero quien fue despedido y reinstalado por un tribunal del trabajo ante la mirada atónita del titular de servicios municipales y de nuestro alcalde que siguen pensando que la justicia es un monopolio de los gobiernos de elección popular olvidándose de la autonomía de los tribunales y del poder judicial. 

El señor Martínez con frecuencia y en las oficinas de la tesorería ve salir grandes legajos de cheques para pago de proveedores. Privilegiados por supuesto porque para el alcalde y tesorero municipal el señor Martínez no existe. Tendrá que esperar el año próximo electoral para que este señor cuente como número aunque asegura que en su vida ni el ni su familia volverán a votar. O como el repetido caso de empleados de la Casa de la Cultura que también les pagan sus salario cuando se les antoja olvidándose que su remuneración es intocable y que también existe una figura jurídica que se tipifica como delito y que puede ser el fraude al salario. 

El señor Martínez solo desea no andar por la eternidad deambulando por los vacíos pasillos, por las desiertas oficinas de esta presidencia municipal salvaterrana nuestra y de Dios. Deseando el que suscribe y mis lectores se compadezca Don Raúl y su Tesorero de esta atribulada ánima y que los Señores Regidores no vayan a entorpecer el pago con su voto.

Gracias por leer.

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