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A más de una nos ha pasado que nos vemos en el espejo y juramos que estamos gordísimas. En realidad estamos normales, pero sentimos que estamos pasadas de peso y que debemos bajar a como dé lugar. Comenzamos a ir al gimnasio dos veces al día, hacemos dieta de hambre y, aunque creemos que tenemos todo bajo control, la cosa se hace cada vez más difícil y la obsesión aumenta.
Es entonces cuando empezamos a comer cada vez menos o, incluso, pasamos días sin comer. La cosa no se queda ahí. El problema alcanza dimensiones más grandes cuando comenzamos a sentirnos débiles, sin energía, sin ánimos y con un humor que no hay ni quien nos aguante. Lo peor es que, con todo y que nos sentimos fatal... seguimos tercas con que debemos comer menos y hacer más ejercicio. Todo porque queremos lucir un cuerpazo , cuando en realidad parecemos pellejo pegado al hueso y eso, créeme, no tiene nada de bonito o envidiable. Si tú te sientes identificada con lo que acabo de mencionar, si te sientes muy bien muriéndote de hambre, si no haces más que estar instalada en el gimnasio ¡por horas!, si lo único que recibe tu estómago son falsas esperanzas... déjame decirte que estás a punto de alcanzar tu meta: dejar tu cuerpo como el de un cadáver. Desde luego, me negarás que tienes una enfermedad llamada anorexia nerviosa ¿verdad? Tal vez a ti no te pase, pero muchas jóvenes que también pensaron que no había nada de malo en eso... ahora no pueden defender su punto de vista... porque pasaron a mejor vida. Pensarás que exagero (y ojalá lo esté haciendo), el problema es que muchos jóvenes están siendo atacados por esta enfermedad psicológica. Tanto hombres como mujeres caen en la trampa del debo ser atractivo o atractiva . Esto los lleva a un lento, pero seguro suicidio, si no físico por lo menos psicológico. No estoy en contra de que nos veamos bien, que seamos atractivos a los ojos de los demás, pero ¿de qué sirve tener un cuerpo que por fuera se ve excelente, pero por dentro ni siquiera funciona en forma adecuada? El ser atractivo implica salud física y mental. Así como un auto sin gasolina no funciona, aunque por fuera esté brillante, encerado y sin ningún raspón; lo mismo pasa con tu cuerpo: si no recibe alimento, no funciona. Cuando dejas de comer, tu organismo comienza a funcionar mal; es por eso que tu piel se siente seca, tu cabello se cae con un mínimo estirón, todo el tiempo tienes frío y te enfermas a cada rato. Incluso, si eres mujer, hasta pueden cesar tus periodos menstruales. Pierdes, además, la concentración y puedes caer fácilmente en la depresión. Si conoces a alguien que esté es esta situación o tú crees que tienes este problema, hay que buscar ayuda profesional. No seas tonta... si sigues, perderás más que unos cuántos kilos: perderás la vida. |