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A lo largo de la historia se nos ha mostrado a la mujer como un ser sin iniciativa, inferior y con todos los defectos del mundo. Para colmo, su vida se ha institucionalizado y limitado a la preservación de nuestra especie. En eso de preservar la especie nuestras mujeres cumplen con uno de los factores esenciales para conservarla y en cuanto a su dignificación hay poco de que hablar aunque en estas épocas podemos reflexionar con cierta lógica que la reivindicación femenina viene a constituir un parteaguas en la cultura de los tiempos actuales y que en los albores de este siglo todos estamos concientes de que el papel de la mujer en la industria, economía, cultura y política será fundamental y trascendental para la sociedad moderna que estamos tratando de construir con tintes de equidad de género y un fortalecimiento absoluto en la familia para poder prevalecer y trascender en futuros tiempos.
En las últimas semanas en el municipio de Salvatierra nos amanecimos con una agradable y a la vez desagradable para algunos noticia. Que la mujer en el ejercicio de sus derechos políticos ha decidido participar en la cosa pública salvaterrana empezando a presionar a líderes de sus partidos para promover sus candidaturas. Estas pretensiones de las féminas han caído como un balde de agua fría y como dijo un conocido político, dinosaurio caduco quien jactanciosamente me afirmo que “las mujeres todavía no están preparadas para participar en las elecciones, que no es su tiempo”. Lo que nos dice este intrépido líder es que la mujer solo sirve para servir en los banquetes de las asambleas políticas aunque a últimas fechas el hombre político considera que si la mujer votara los partidos ganarían las elecciones con suma facilidad. Pero ni en sueños habían pensado que las mujeres tuvieran capacidad para presionar y pedir categóricamente “Yo quiero participar”. Desde luego que todos los partidos le han dado un espacio a sus mujeres de participación en los cabildos pero como me dijo una conocida militante priísta reclamando “Hay que ver que clases de mujeres hay, algunas que no saben ni quieren aprender, que son adorno de la política, de esas ya no queremos”. Efectivamente, ahora recuerdo a la célebre regidora priísta en la administración de Ortiz Jiménez que durante su gestión nunca habló ni para aportar ni para censurar. Sólo cobró y lo sabia hacer muy bien. En fin, que los partidos políticos mas fuertes en Salvatierra, PRI, PAN, PRD se van ver metidos en graves problemas porque la anunciada participación femenina parece ser una cruzada, una asonada que pudiera poner a temblar los cimientos machistas que a base de tanto sacrificio han construido nuestros omnipresentes y preclaros políticos. Habrá que ver que le pudiera deparar el destino a la nueva mujer que pretende participar ya no en la administración pública como servidora, ni como regidora sino como alcaldesa situación que viene a aportar una cuota de trascendencia en la práctica de la democracia moderna y en una definición muy exacta dentro del contexto del concepto cultura. Sería importante entender la trascendencia histórica de la participación femenina, desde la mujer pintora, escritora, guerrillera, intelectual etc. Aunque como política, siempre ha sido sojuzgada al menos en México, por el hombre político. Vemos con dificultad que la coyuntura pueda ser un factor de aprovechamiento para que la presencia femenina llegue a estadios de participación superior en la cosa pública, el principal enemigo y detractor de la política, se prepara ya, dejando solo pequeños espacios a la mujer incondicional que representará en los cabildos los intereses del hombre político no de la mujer como debería propiamente de serlo. Gracias por leer
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