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Ave cesar…. La bendita propaganda electoral Decía el poeta español León Felipe Camino al hablar de las inmisericordes campañas publicitarias las que inclusive nos pueden hacer creer que los refrescos de cola son mejor que el vino puro nacido de la tierra. Y nos dejo dicho que la ‘’propaganda’’ es la negación de la crítica. Esto quiere decir que quienes la difunden faltan a los principios de ética que se supone el ciudadano que vive en sociedad debe observarlos con cuidado pues en caso contrario estarían engañando a sus congéneres, a los miembros de una sociedad a la que se deben, al estado y a los símbolos patrios. Dice Watson el publicista “puedo hacer que el ciudadano se sienta insatisfecho con lo que tiene y hacerlo comprar lo que no necesita” esto es una realidad de la mercadotecnia.
Engels dice en su dialéctica que lo que permite el avance es la ‘’contradiccion´´. Es decir, la discrepancia entre los miembros de un conglomerado social que les permite deliberar hasta encontrar una verdad provechosa. Entonces si reflexionamos lo anterior entenderemos que la propaganda es una actividad amoral que demerita el quehacer, el discernimiento e integración social pues no permite deliberar opiniones para lograr un avance cierto y armonioso en todas las sociedades civilizadas. Debemos entender que en este clima electoral que nuestros Institutos difunden es propaganda y sus políticos han hecho practica regular de este ejercicio, de la simulación y por supuesto de la amoralidad para satisfacer intereses de grupo, de moralidad cerrada como nos lo enseño San Agustín.Playeras, trípticos, becas, cachuchas, despensas. Un conocido partido regala piadosamente, con misericordia piezas de pan que seguro estoy han sido bendecido por algún cura simpatizante y ahora, una nueva modalidad. Maravilla de mercadotecnia yanky aplicada a la izquierda salvaterrana, jovencitas con diminutos shorts que insinúan alguna prenda intima y unos escotes capaces de provocar altísimas pasiones entre los azorados ciudadanos cuyo propósito ya no es votar. Si no quitárselos, acompañados de un perifoneo tipludo y gangoso al compás de música ruidosa según el antojo del partido que lo promueva. Esto ocurre en Salvatierra aunque luego de algunas semanas de campaña no hemos escuchado alguna propuesta que permita vislumbrar en un futuro, un posible desarrollo. La nula oferta política histórica que genera gastos tontos y banales resta operatividad a los gobiernos que de por si a penas alcanzan a cubrir el gasto social y que tienen que echar mano de los dineros que se obtienen de la venta de petróleo, recurso no renovable que en breve disminuirán. Así las cosas no queda más que presionar al político para que se aplique y provoque que el ciudadano tenga dinero en sus bolsillos y que el zoopolitikón reúna fuerzas de flaqueza y alguna inspiración divina que le permita discernir que el dinero público es para y del contribuyente y no del grupo minoritario que detenta el poder y claro, por qué no, podría aspirar a la inteligencia también. Gracias por leer.
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