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REVOLUCION 2010 POR AUMENTO DE IMPUESTOS El ciudadano mexicano que no vive dentro del presupuesto, ni espera concretar un negocio con la administración central, no apoya la subida de impuestos, pero sí sumarse de manera vaga, diletante y cafetera como Charlie Chaplin o el Gordo y el Flaco a la Revolución, para parar impuestos, violencia, desesperanza, hambre y falta de viajes a Disneylandia o tal vez sólo a Xochimilco. Porque el caso es que se niega rotundamente a aceptar esa alza que, tal como fue presentada, más parece una vacilada michoacana, que algo razonado de cara a la realidad.
Los funcionarios federales, de espaldas no sólo al pueblo, sino a la burguesía (cada día más escasa y enrarecida), que no ajotada ni lesbiada, hacen sus reunioncillas para tomar no café, ni tequila o ajenjo, sino decisiones que afectan a pocos que pagan impuestos y de paso a todos y así, sin la menor explicación, anuncian cambios que siempre son, según ellos, para bien de la patria, especialmente de la parte más jorobada o pobre. (Humorismo involuntario junto). E insisten en que su jauría impuestal desatada no es para cazarnos o aparearnos unilateralmente, sino para servirnos mejor… Una vez más la alta burocracia sólo busca sacar más dinero, sin ofrecer cambios sustanciales. Porque no hay sino más palos que incitan al Juan pueblo a la revolución sin concreción, sino únicamente como rebelión primaria de la naturaleza. Porque los servicios siguen siendo de utilería, empezando por el de seguridad, la atención ciudadana, el negroso, ominoso y tornadizo comportamiento de la energía eléctrica en hogares, oficinas y fábricas, no en tardes lluviosas, porque ya ni llueve desde que se anunció la subida de impuestos. Y hasta el derecho a ver es conculcado al mirar las banquetas rotas, las calles con baches, los jardines descuidados, los muros pintarrajeados, las calles sucias... La ciudad de México es un defecaos y otras urbes parecen reflejarse en ese espejo caleidoscópicamente multiplicado en desastre, como lo es el campo, como lo son esos hospitales rurales que, al poco tiempo de su inauguración, ya han sido saqueados y desabastecidos. Al mirar hacia la educación no vemos los rostros de Vasconcelos, Justo Sierra o de Don Bosco, sino el de la Gordillo, olímpica mancha escurridiza de fealdad con acomodos y arreglos caliginosos, deforme y acuosa, o al asomarnos a nuestros corruptos (y más gangsterizados que los cárteles) cuerpos policíacos que ya no pueden ser más viles, timoratos y acomodaticios para allegarse fondos de cualquier forma y sin escrúpulo alguno, dispuestos en todo momento a transar con la delincuencia… Cuando no tales cuerpos es ¡la misma delincuencia criminalmente plaquizada! Pegado a esto, como en el corrido de la yunta de JCH, coyundan con esto los crecientes salarios y prebendas de los diputados, senadores y toda la establería de los que ya llegaron a medrar en sindicatos burocráticos o emplearse aviadora o con minutos al día de labor, pero con sueldos completos a la quincena. Porque el mexicano ve que ellos son los únicos beneficiarios de estos aumentos que, de tiempo en tiempo, se les ocurren a los coros y corrillos de la casta dominante y ven al resto como “intocables borrados.” Porque en los países "democráticos" están obligados a tener un gobierno al que tienen que mantener para que éste, entre otras cosas, administre bien el dinero que ponen en sus manos y lo aplique con tino y rectitud, no al arbitrio y con ánimo sólo de exacción y un flagrante abuso de autoridad. Está claro que si no le explican al mexicano para qué quieren más dinero (aparte de dárselo a los partidos y a los burócratas de altos vuelos alibabáticos), no le van a dar más pesos devaluados que en este año horrendo han podido reunir con trabajos que exceden cualquier imaginación dantesca. Hacer el anuncio del aumento al tiempo que se denuncian despilfarros administrativos presidenciales, camarales, judiciales, policiales y de las fuerzas armadas es un insulto intolerable, ¡de lesa patria!, que invita a la Revolución del 2010. Y así, el pueblo manifiesta que no paga porque no es ético y reinvoca su recurso extremo. Y parece que esa va a ser la única solución para salvar lo poco que queda por rescatar de la ignominia. Así que o cumplen bien con lo que ya tienen, o se chiflando a su progenitora en la loma porfiriana reeditada en el 2010. Empero, ¿Quién saldría beneficiado de una nueva Revolución? El PRI cree que sería el gran recaudador de tempestades…Pero en una revuelta, todos pierden, menos los que mueven el atole de la pólvora. Revolución en serio.Mas concretando en plata financiera, hay una certeza generalizada entre los especialistas de que la no reactivación plena del consumo y la subida del desempleo complica todas las variables de la recuperación económica. Y esto si causará una verdadera revolución, no de pacotilla, sino en el bolsillo de todos y cada uno, excepto los privilegiados arrimados a los gobiernos. Y hay una duda extendida: ¿Qué va a pasar con la industria y con los mercados financieros y bursátiles cuando se retiren los fondos de estímulos estatales en USA y otras naciones?. Este escenario, marcado por la incertidumbre y el escepticismo, se contrapone con la euforia de los gobiernos y de las autoridades económicas mundiales que anuncian un "fin de la recesión" casi por decreto. El gobierno federal mexicano lo decreta sólo `para poder cobrar más impuestos, porque no importa que se mueran ls vacas o se tornen muy flacas, con tal de alimentar a las niñas del patrón (léase burocracia privilegiada y entidades altamente remuneradas y privilegiadas del México de hoy). La percepción generalizada entre los especialistas es que la debilidad de la demanda consumidora, impulsada por el alto desempleo, el difícil acceso al crédito y el estancamiento (o reducción) de los salarios, es la principal amenaza a la sostenibilidad de una débil recuperación económica. Lo que se puede percibir claramente es un fuerte contraste entre los anuncios de salida de la recesión y los datos oficiales que siguen mostrando tendencias negativas, o una recuperación débil, que no alcanza -según los especialistas- para una recuperación plena de la economía en variables claves como el consumo, el crédito y el empleo. De esta manera, el número de personas empleadas ha caído en USA por 21 meses consecutivos. Desde el comienzo de la recesión en diciembre de 2007, el número de personas sin trabajo, aumentó en 7.6 millones hasta alcanzar 15.1 millones de desocupados en el presente. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial advierten que la recuperación económica mundial podría fracasar si los Gobiernos retiraran sus medidas de rescate demasiado pronto. El peligro hoy es el de la complacencia. Será más difícil convencer a los países para que cooperen en la lucha contra varios de los problemas que condujeron a esta crisis que puso en riesgo el estilo de vida de millones de personas. Los riesgos principales que conspiran contra la recuperación económica son la desocupación y la debilidad de los mercados laborales, la fragilidad del sector del consumo, el déficit presupuestario y el endeudamiento público que generan los salvamntos estatales a bancos y empresas. Por todo ello, el crecimiento sostenido tardará en llegar debido al alto desempleo y a un sistema financiero desequilibrado. Los mercados siguen agobiados y esto tiene un efecto sobre la inversión y el consumo. Combinado con el impacto del desempleo creciente, la naturaleza temporal del estímulo fiscal y el crecimiento modesto en los países que son socios comerciales de USA, el crecimiento seguirá siendo lento y llegará al 1,5 por ciento en 2010, porque los mercados financieros siguen bajo estrés, y eso seguirá pesando en la inversión y el consumo, vaticina el FMI. Los analistas de USA proyectan la clave de la recuperación económica, o de una recaída, en la permanencia o no de los estímulos financieros estatales a los grandes bancos y empresas cotizantes en Wall Street. Por ello la severidad y el alcance de la crisis hacen que el ritmo de recuperación sea incierto. Las paquetes de estímulo y otros programas que han implementado para reactivar sus economías son increíblemente costosos y dejan tras de sí déficit fiscales que reducen y lentifican el crecimiento. Si mantienen los planes de ayuda, en especial los programas de estímulo fiscal, corren el riesgo de impulsar la inflación, y si los retiran pronto, podrían descarrilar la recuperación, señalan los especialistas. El Fondo Monetario Internacional pronostica que los niveles de deuda del Grupo de los 20 países líderes industrializados y en desarrollo promediarán más de 100% del Producto Interno Bruto. Si los riesgos de una recaída se materializan y la recuperación flaquea, se necesitarán previsiblemente más medidas para apoyar la demanda por el lado fiscal. "El legado fiscal de la crisis es una trayectoria de deuda en ascenso, que podría convertirse en insostenible sin medidas de medio plazo significativas", advierte el FMI. La incertidumbre en torno a la recuperación global dificulta las decisiones que deben tomar los gobiernos del mundo, en especial los que tienen el rojo fiscal y los datos negativos del consumo y del desempleo como una espada de Damocles sobre su cabeza. Por el momento, el mayor peligro es una desaceleración demasiado rápida, señalan los especialistas. Metáfora junta, si se retira radicalmente la medicación y la dieta especial a un enfermo que está afectado y débil -la economía dista mucho de haber vuelto a la normalidad-, se corre el riesgo de una recaída grave: más desempleo, más problemas para el sector financiero. Por lo demás, el sector financiero desató el terremoto económico, mientras muchos de sus tiburones amasaron fortunas mediante actividades que eran inútiles, si no destructivas, desde un punto de vista social. Es más, los tiburones siguen especulando, gestando animosidad y crispación en los contribuyentes, que han sido los bomberos de las principales instituciones. No miden consecuencias, realizan operaciones de alta velocidad y excesivamente rentables, basadas en informaciones que la población en general desconoce, además de cobrar a cualquier precio intereses altos. Así, el dinero va a parar a los actores malos, porque se recompensa generosamente a quienes fabrican más pobres, como lo quiere hacer en el orden fiscal el gobierno federal de México, con teorías tan peregrinas como que los aumentos a los impuestos serán para ayudar a los pobres. Mediante los estímulos estatales asignados al rescate financiero, Wall Street y las bolsas mundiales reciclaron una nueva burbuja especulativa, no ya con dinero proveniente del sector privado, sino con fondos públicos (de los impuestos pagados por toda la sociedad) puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad al margen de una ascendente crisis de la economía real que marcha por vía paralela. ¡Todo ello con un endeudamiento para solventar esos recursos con déficits en rojo que subieron por encima del 12 por ciento del Producto Bruto Interno. Simultáneamente, la economía real colapsa en todas sus variables, y una crisis social va de la mano de los despidos masivos. Son los grandes bancos beneficiados (y los gobiernos a su servicio) por los rescates los que lanzan pronósticos y versiones de extremo optimismo sobre una recuperación de la economía que la mayoría de los especialistas no avizora que ocurra. Esta falsa percepción se extiende a Obama (y por ósmosis a Calderón) y a su equipo económico que mantienen vínculos estrechos con los financieros. Ellos no quieren ver lo obvio de la realidad. La crisis global no ha concluido: no ha finalizado la expulsión de mano de obra, el consumo sigue siendo débil (y se mantendrá así por un buen tiempo), y si se mantiene el desempleo por encima de la tasa del 10 por ciento, habrá mayor morosidad. No se le ha puesto fin a la montaña de las deudas de las familias. Las causas que llevaron a la burbuja creada en los últimos años están presentes, resumen los especialistas. La desocupación sigue creciendo, mientras que la recuperación económica es lenta, con lo cual la problemática de protesta social, sigue presente. Hay una certeza generalizada entre los especialistas: La no reactivación plena del consumo y la subida del desempleo complica todas las variables de la recuperación económica. Y hay una duda extendida: Qué va a pasar con la industria y con los mercados financieros y bursátiles cuando se retiren los fondos de estímulos estatales. ¿Colapso, revolución o sólo hambre, miseria moral y muerte por inanición? Este escenario, marcado por la incertidumbre y el escepticismo, se contrapone con la euforia de los gobiernos y de las entidades económicas mundiales que anuncian un fin de la recesión casi por decreto… Pero sólo si se aumentan los impuestos, por supuesto.
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