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Poseído por el Miedo PDF Imprimir E-Mail
escrito por Onésimo Herrera-Flores   
Tuesday, 24 de November de 2009

El momento del miedo: "Los hombres se morirán de miedo…, dice Jesús. ¿Por qué sobrevendrá este miedo mortal? Alguien podría imaginar alguna catástrofe nuclear de proporciones cósmicas. Pero no es necesario relacionar el miedo del que habla Jesús con una catástrofe de este tipo. Finalmente, al tiempo de Jesús, ¿quién habría podido imaginar algo semejante? Sin embargo, se habla de una angustia terrible. La razón del miedo no pertenece a una época determinada, con exclusión de las demás épocas de la historia, sino que está presente en todo tiempo, es un componente estructural, de toda época histórica. Vivir significa de alguna manera experimentar el miedo.

El segundo momento existencial es el de la disipación. "Tened cuidado: no se os embote la mente…" ¿Por qué este momento se liga con el primero? Es fácil entenderlo.  Quien advierte la amenaza del miedo tiende a defenderse. Intenta restarle importancia, infravalorarlo, exorcizarlo, olvidarse de él. Trata de no pensar en él. Eso es la disipación, la distracción. Una especie de aturdimiento de la conciencia gracias a la cual se vive haciendo a un lado los datos más lacerantes de la existencia. Se vive en ese tipo de mentira que no se expide para engañar a los demás sino para engañarse a sí mismo. Esto aparece como algo obvio en el evangelio Lo que, en cambio, no resulta tan obvio es la manera que se escoge para engañarse a uno mismo. El texto habla de la bebida, de la embriaguez, pero las borracheras pueden ser de diverso tipo. Las hay vulgares y las hay más finas y "respetables" . Uno, para no pensar en el miedo, puede entregarse a todas las distracciones posibles, pero puede arrojarse con terquedad sobre el trabajo y jugarse todas las cartas en el construirse una carrera envidiable.

 En este caso, la embriaguez son "los agobios de la vida" de los que habla el evangelio. Sea como sea, el objetivo es el mismo: escapar. Entre las diversas formas que la embriaguez puede asumir se encuentra también la de tipo religioso. En nuestra época se multiplican "prodigios" y "apariciones" que fascinan. La búsqueda religiosa no siempre es búsqueda de "Alguien", sino que puede ser escape hacia lo misterioso, lo incomparable y lo fascinante. Por todas partes van surgiendo nuevas sectas, grupos mistéricos, experiencias mánticas que se ofrecen a todos los gustos. Hasta parece que hubiera en nuestro tiempo una mayor necesidad de oración. Grupos y talleres, desiertos de fin de semana, retiros para todas las edades, excursiones "espirituales" , libros sobre los ángeles, sobre el más allá, sobre la vida de los gurús de moda, abarrotan la estantería de un mercado destinado a satisfacer las necesidades "del espíritu". Hay quien habla de que estamos ante la recuperación del sentimiento religioso, que otras épocas parecían haber sofocado. Empero, en el fondo, ¿ante qué tipo de fenómeno nos encontramos? ¿Es fe o miedo? ¿Es concienciación o disipación? ¿Es recuperación de la verdad más honda o moda que terminará pasando? ¿Es un querer abrir los ojos o un querer cerrarlos? Algún autor ha escrito: Cuando es rara la fe más desencadenada es su ficción. No confundamos la ficción con la fe, la embriaguez religiosa con el sentido verdadero del creer.

 "Estad bien atentos", advierte el Evangelio.El Evangelio propone la superación del miedo a través de otro camino: "Velad, pues, y orad sin cesar para que tengáis fuerza…" Es el tercer momento existencial. No dice sólo: "Orad", porque el orar, como hemos dicho, puede ser una de las formas de disipación o embriaguez religiosa para no afrontar la verdad de la vida. Pero el evangelio dice: "Velad y orad", esto es: orad con ánimo despierto y conciente, con sentido crítico, con el corazón encendido y arrebatado, de forma almática, con mente, voluntad y todo el ser, pero con la mente fría, con el coraje de quien quiere conocer toda la verdad y está dispuesto a hacerla suya. Orad no para intentar la fuga, sino para penetrar la realidad. El verdadero creyente, que recoge esta invitación, se convierte, por eso, en un atento observador de la realidad. ¿Y qué es lo que descubre? Descubre que este mundo está gravemente amenazado.

Basta reflexionar sobre sí mismo. Uno puede decir: "Tengo una familia, tengo salud, tengo una posición", pero sabe que estas pertenencias son relativas: ¿hasta cuándo? Sin embargo, el verdadero creyente, que no desea ilusionarse, leyendo dentro de la historia, tanto la colectiva como la personal, descubre más allá de la ley de la vanidad otra ley. "He aquí –oráculo del Señor- que vendrán días en los que realizaré las promesas de bien". Por lo tanto, Dios ama este mundo. Y crea cosas nuevas. Aquí está la esencia de la fe. La fe es como un "sí, pero". Sí, existe la vanidad del mundo, y la injusticia, y la angustia. Pero existe también la promesa de Dios. Se comprenden por ello las palabras del Evangelio: "cobrad ánimo y levantad la cabeza". No hay más razón para verse derrumbados por el miedo o arrojados a la desesperación. Una invitación a caminar erguidos, a levantar la cabeza. Una invitación a la esperanza, a pesar de todo. En efecto, uno que cree, ¿cuándo podría decir que todo está perdido, verdaderamente perdido? ¿Se podría amar si el mundo fuere despreciable? Si este mundo no tiene sentido, entonces no hay razón para ir más allá de los afectos que son estrictamente necesarios para vivir.

Entonces me doy a la disipación, a la administración calculada y utilitarista de mi existencia. Pero si sé que este mundo es amado, si hay Alguien que viene para quien cree y para quien no cree (sí, Dios viene para todos), puedo más fácilmente entender el sentido del amor. No es asunto de deber, de compromiso, de responsabilidad: palabras frías que no tocan el corazón. Se ama porque es bello amar con un Dios que ama. Se ama porque es bello estar de parte de Dios para crear un mundo nuevo. Se ama nuestro tiempo, nuestra historia, confusa y sin embargo también apasionante, se ama a estos hermanos nuestros que se nos ha dado encontrar, expuestos al miedo y a la disipación, pero envueltos y abrazados por la piedad de Dios. Se ama para que también otros vean. Y amansen y cabalguen sobre el espinazo del miedo.

Y lleven la cabeza en alto contemplando los signos de la esperanza, la justicia y a la encarnación misma de todos los hálitos que vencen al miedo: el rostro mismo de Jesús, para  alcanzar y casi sacudir con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación.

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