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Ave Cesar. . . . ¡Ah! la bendita y dulce burocracia. Mañana lluviosa, lluvia pertinaz que insolente cae sobre la ciudad de Salvatierra diezmando y confundiendo a los habitantes Salvaterranos que no se acostumbran a los nuevos cambios climáticos que trastornan a la mal trecha ecología.La Presidencia Municipal semivacía, mojada y con el personal administrativo titiritando por la humedad y el frío entre sorbos de alguna bebida caliente apurándola con discreción y cuidado por las prohibiciones expresas de celosos funcionarios de primer nivel que con ojo avizor cuidan el riguroso y rígido ordenamiento que prohíbe tantas cosas que ahora el nuevo burócrata tiene que cumplir. Escondiéndose hasta de su sombra.
Acomodándose en la incomoda silla el ciudadano decidió esperar para practicar alguna diligencia administrativa en tanto llegara el funcionario a su dirección, arrellanándose en la silla y cruzando la pierna con determinación decidió esperar y resistir todo el tiempo necesario para su entrevista. De sus bolsillos extrajo una cajetilla de cigarros y dándole fuego a uno de ellos lo aspiro con delicadeza, lo fumó con tranquilidad dejando pasar el tiempo. A leguas se apreciaba que era un fumador empedernido. De súbito y encolerizado baja un burócrata indignado, lentes de miope, camisa desaliñada y pálido quien con aire autoritario increpó al tranquilo ciudadano.-Apague usted su cigarro porque el humo llega hasta mi oficina y no me deja trabajar.Perplejo el contribuyente por la exagerada sensibilidad nasal del burócrata le replicó con cortesía.-Señor, lamento informarle que estoy fuera de las oficinas.Molesto nuestro héroe le recriminó con altanería que lo apagara de inmediato. Esta vez no le hablo de usted sino que en abierto desafío lo tuteó.-¡Que lo apagues! ordenó. Volteando descompuesto hacia el pórtico de presidencia buscando la presencia del vigilante del inmueble y al no localizarlo volvió a increpar.-Que lo apagues te digo. Ordenó fuera de sí.El contribuyente le recriminó con enfado que se encontraba fuera de las oficinas y le informo que la ley era muy clara, que además no había avisos de restricción, que la autoridad tenia la obligación de fijar en los muros. Puntilloso le propinó severa estocada en todo lo alto de la testuz, explicándole que no eran caros y recordándole que serian pagados de sus impuestos y diciéndole que cada quien tenia sus derechos y que además pagaría aun mas jugosos impuestos por su adicción al tabaco y lamentando mucho la finura de su nariz.Encolerizado nuestro héroe se retiró a su cubil mascullando palabras ininteligibles. El ciudadano irónico comento ante otros. ¡Estos burócratas no entienden que la seguridad de la nómina solo dura tres años! Estos diálogos entre gobierno y gobernado me recuerdan a aquel cuento de Herman Hesse en donde a un ciudadano Alemán de la preguerra le piden un permiso para “existir” valga el ejemplo para entender que la autoridad administrativa tiene la obligación de cumplir con la ley para luego exigir su exacto cumplimiento y que no basta ordenar por ordenar, en este tan cacareado Estado de derecho, que lamentablemente ya nadie entiende. Gracias por leer. Nota del Webmaster: recuerda que registrandote puedes agregar comentarios a este y otros post. Checa link al final de cada artículo.
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