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DEFECAOS MIEDO CIUDAD DE MEXICO PRIMERA PARTE
Pandillas inmobiliarias.Pandillas celularesPandillas vende agua del subsueloPandillas vende protecciónPandillas vende armasPandillas vende drogasPandillas vende protección a los antros Pandillas vende puestos de aviador… en todo esto y más está parcelado el Defecaos MIEDO, donde, en apariencia, el mayor sembrador es Ebrard, si bien él se esfuerza por aparecer como el “vengador público” que las combate, pero lo cierto es que, criminalidad y complicidades de los cuerpos de seguridad, flagelos que miedizan al Defecaos, ciudad de México.
El Defecaos está erecto sobre un puñal llamado Ebrard-miedo, en un grito inarticulado, un ulular que amalgama la aprensión y agazapamiento. Parecería que, oculto, acecha el miedo, para emboscar, atacar y destruir nuestro desfile vital al transitar por la ya intransitable del Defecaos.
A más de un lustro de realizarse la megamarcha contra la delincuencia, aún no se logran los objetivos que se perseguían, dado que falta coordinación entre los organismos responsables de la seguridad, (dándose el aire caponil Ebrard de despreciar a Calderón, como antes AMLO llamó a los no perredistas “pirruris”), por lo que el miedo se incrementa al quedar impune el 99 por ciento de los delitos. E incluso algunos parece que son premiados al promover a manifiestos capos del crimen que ostentan comandancias o controles policíacos, ambiente en el cual se incrementa hasta la pornografía infantil, que sobrepasa los 125 mil sitios de pornografía de menores de edad. Los criminales, tal vez con la anuencia de la administración de Ebrard, ejercen una especie de inyección de miedo, al lanzar rumores y propaganda impresa o por diversos medios, para que los habitantes del Defecaos presenten menos o nula resistencia a la galopante inseguridad y la multiexplotación, incluida la de los desarrolladores inmobiliarios que revientan casas y vidas con tal de construir edificios embarrando manos corruptas con permisos tortuosos. Por temor, los habitantes del Defecaos, ciudad de México instalan cerraduras adicionales o refuerzan las ya existentes; colocan barrotes, rejas o alarmas en sus viviendas o sus negocios; contratan, si tienen posibilidades económicas, vigilantes para su cuadra; ponen plumas a la entrada de los fraccionamientos para controlar y restringir el paso de los automóviles. Esa inquietud, por sí misma, aun si se tiene la suerte de no haber sido víctima de un delito, ya es una espina en el ánimo diario que deteriora la calidad de vida de los capitalinos: impide el pleno disfrute de la vía pública, de los cines, los restaurantes, los bares, las cantinas, los estadios, los parques, los centros comerciales, los mercados, incluso de los templos –que antaño eran lugares que los delincuentes respetaban– y hasta de la propia casa. A nadie consuela el dato estadístico de que en otros lados es peor. Estamos convencidos de que las autoridades dejaron crecer la inseguridad y de que hoy el problema es difícilmente reversible. Sabemos que no siempre fue así… Parece que en todo este ambiente delincuencial y de inseguridad estalla la risilla del gobierno del Defecaos: “los que protestan son esos burguesillos con tufillo panista; porque estamos bien los que nada tenemos que perder, los que nada tememos…”.Este Defecaos, ciudad de México, disfrutó de un razonable grado de seguridad pública. Era placentero caminar, recorrer a cualquier hora casi cualquier área de la gran urbe con tranquilidad, incluso después de la medianoche, sin sentir riesgo alguno de acecho. En ninguna otra área urbana del país la sensación de inseguridad está tan extendida como en el Defecaos, ciudad de México, donde se sienten inseguros el 90 por ciento de los habitantes. El gobierno del Defecaos, ciudad de México sostiene que la criminalidad disminuye, dado que en varios delitos las denuncias son menos hoy que en años anteriores.Pero la estadística oficial registra tan sólo el número de averiguaciones previas iniciadas ante el Ministerio Público. No manifiesta cuántos delitos y cuántas víctimas abarca cada una de las averiguaciones, ni qué porcentaje de delitos no se denuncia, ni qué delitos quedan sin registrarse oficialmente por otras razones. Tampoco nos dice nada acerca de la violencia con que se cometen los delitos, ni si el delincuente iba armado y, en su caso, qué arma portaba y si la utilizó.Por tales limitaciones de las estadísticas oficiales, o por la desconfianza ciudadana en los datos que ofrecen las autoridades –interesadas en mostrar que están cumpliendo bien su trabajo–, en diversos países del mundo se ha consolidado la tradición de realizar encuestas victimológicas, que dan voz a las víctimas para que relaten su experiencia de victimización, señalen si denunciaron o no el delito, den las razones de la denuncia o de la omisión de denuncia, refieran la reacción de las autoridades e indiquen su percepción acerca de la inseguridad y de cómo ésta ha afectado sus vidas e incrementado en cualquier caso sus miedos. Estas encuestas se consideran, en países que han obtenido logros importantes en abatir la delincuencia, un instrumento indispensable para diseñar políticas de seguridad pública, dado que sólo conociendo la magnitud real y las características del problema se tienen posibilidades de enfrentarlo con éxito.Las encuestas victimológicas también tienen sus propias limitaciones, una de las cuales es que sólo captan los delitos más frecuentes, tales como robos y agresiones no letales en sus diferentes modalidades, pero no otros de enorme impacto social como el homicidio hiperviolento, gratuito y a sangre fría, y el secuestro. De todo el país, afirma el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad (ICESI) es el Defecaos, ciudad de México la que tiene el mayor porcentaje de viviendas en las que se encontraron una o más víctimas el año pasado: en tres de cada diez hubo al menos una persona que sufrió uno o más delitos. Asimismo, de cada diez capitalinos, tres han sido agraviados por la delincuencia por lo menos una vez en su vida.Defecaos, ciudad de México –incluyendo el Distrito Federal y la zona de todo el Valle de México que pertenece al Estado de México– presentó el año pasado una incidencia delictiva de 24,878 delitos por cada cien mil habitantes, muy por encima, más del doble, de la media nacional, que es de 11,246, y por mucho más alta que la de las dos ciudades que le siguen: Tijuana y Mexicali, con 19,383 y 19,141 delitos respectivamente. Un año antes la incidencia fue de 20,525 delitos. El aumento es significativo: de un año a otro hubo 4,353 delitos más, es decir un aumento de veintiuno por ciento. En ninguna otra área urbana se observa un crecimiento tan desmesurado de la criminalidad en el breve período de un año, todo lo cual incrementa, por supuesto, el miedo…Mientras a nivel nacional el robo abarca el 73 por ciento de la delincuencia, en el Defecaos, ciudad de México su recurrencia es aún mayor: 88 por ciento. Siete de cada diez robos perpetrados aquí ocurren entre las nueve de la mañana y las nueve de la noche, cuando los periféricos habitantes invaden hasta diez veces en mayor número de habitantes delegaciones como la Cuauhtémoc. El robo de vehículos automotores no sigue ese horario: la mayoría se comete entre las seis de la tarde y las seis de la mañana.El robo con violencia contra el transeúnte es el que más se comete en el país. También en Defecaos miedo, ciudad de México ocupa el primer lugar: seis de cada diez delitos. El segundo sitio lo ocupan otras modalidades varias de robo, el tercero las lesiones y el cuarto el robo a casa habitación.La gran mayoría de los robos realizados en la capital de la República, nueve de cada diez, son cometidos por menores de 36 años; cuatro de cada diez, por muchachos de diecinueve a veinticinco.Más allá de esas cifras, el apartado de robos que aterra a la población es el de los que se cometen a mano armada, en los cuales al detrimento patrimonial puede sumarse una grave lesión y aun la pérdida de la vida. La habilidad y la consideración han venido cediendo sitio a la crueldad y a la saña, por la mayor incidencia de consumo de drogas.En efecto, los asaltos no sólo han crecido en número sino se han agravado en violencia. Ocho de cada diez ladrones en la ciudad de México realizan el robo a mano armada, más con arma de fuego que con arma blanca. En tres de cada diez de estos casos, el delincuente agrede a la víctima con el arma. Un dato curioso es el de que el uso de armas es proporcionalmente mayor entre los delincuentes adolescentes, de doce a dieciocho años, y entre los que rebasan los 45. Los rateros armados suelen pasar del arma blanca al arma de fuego a partir de los dieciocho años. Y tanto las armas como las drogas se pueden adquirir en miles de punto de venta del Defecaos miedo. Ocho de cada diez de los delitos cometidos en el Defecaos tienen lugar en la calle o en el transporte público, ámbitos los más inseguros. Del total de víctimas, la tercera parte padeció más de un delito. En estas víctimas múltiples se concentra, como sucede a nivel nacional, más de la mitad de la criminalidad. El perfil predominante de la multivíctima es el de un hombre joven, obrero, empleado o trabajador independiente, lo que desmiente la creencia según la cual la delincuencia afecta sobre todo a las clases privilegiadas. Defecaos sumido en secuestros y asesinatos.-Los delitos de mayor impacto social: el homicidio doloso (intencional) y el secuestro, no los captan las encuestas victimológicas, por lo que tenemos que tomar las cifras de la estadística oficial.El homicidio tiene escasa cifra oculta ya que, cuando un cadáver acusa indicios de que la muerte no fue natural, el hecho suele hacerse del conocimiento del Ministerio Público. La tasa de homicidios dolosos en la ciudad de México es de ocho. Sin embargo, es de advertirse que esa tasa ha permanecido inalterada en los últimos años, en tanto que, como ya se apuntó, la media nacional ha venido descendiendo. No puede dejar de observarse, por otra parte, a fin de disponer de datos comparativos, que en las ciudades con una seguridad pública aceptable –las de la gran mayoría de países integrantes de la Unión Europea, las de Canadá o las de Australia, por ejemplo– la tasa de homicidios dolosos oscila entre 1.5 y tres por cien mil habitantes.Respecto del secuestro, la situación del Distrito Federal es incomparablemente peor que la del resto país. No sabemos qué porcentaje no se denuncia –posiblemente sea muy alto–, pero el año pasado se denunciaron 323 en toda la República, de los cuales ciento tres –la tercera parte– corresponden a la capital., que antes afectaba sobre todo a los sectores favorecidos económicamente, se ha extendido a todas las capas de la sociedad con las modalidades de secuestro exprés y el secuestro relámpago, en los que no se piden rescates millonarios, sin importar que la penalidad con Calderón se haya incrementado. El secuestro es la conducta delictiva que más angustia, miedo e indignación provoca. Lo más grave es que en numerosos casos se ha descubierto la intervención de policías o ex policías en las bandas de secuestradores, los que no se detienen en matar al plagiado si este da indicios de haberlos reconocido o bien no obedece a las humillantes peticiones que le hacen sus perversos captores. SEGUNDA PARTE.- El miedo evita que se denuncien los delitos.-En el Defecaos miedo, ciudad de México se denuncia poco menos de uno de cada cinco delitos, porcentaje ligeramente por debajo de la media nacional. La omisión de la denuncia es atribuida por las víctimas a la inconformidad con la actuación del Ministerio Público y ¡al miedo!. Consideran que denunciar el delito no es sino perder el tiempo, o que los policías o ministerios lo pondrán en conocimiento de los delincuentes, al igual que los cajeros de los bancos están en connivencia con los delincuentes y los policías… Esa razón, aducida por la mitad de las víctimas en el territorio nacional, es invocada en la ciudad de México por dos de cada tres ofendidos. El porcentaje de presuntos delincuentes detenidos es apenas del seis por ciento. No sólo aquí, en el Defecaos miedo, sino en todo el país, no obstante que la opinión ciudadana sobre las policías es desfavorable, el juicio acerca del Ministerio Público es aún más adverso. Sólo de los partidos políticos se hace una evaluación todavía más negativa. La cifra oculta de la criminalidad no sólo se integra por los delitos no denunciados, sino también por aquellos que, a pesar de denunciarse, no dan lugar a que se inicie una averiguación previa: los varios delitos perpetrados en un solo incidente, con varias víctimas, que quedan registrados en una sola averiguación previa, y los delitos que no se registran en la estadística oficial deliberadamente o por deficiencias en el sistema instaurado. En el Distrito Federal se registra menos de uno de cada diez delitos cometidos: la delincuencia real es diez veces mayor que la reconocida por la Procuraduría General de Justicia. Policía del Defecaos.-Nueve de cada diez capitalinos tienen poca confianza, o ninguna, en sus policías preventiva y judicial locales. El descrédito de nuestras policías no es gratuito. Son delincuentes con placa. Ni la policía preventiva ni la judicial tienen niveles siquiera medianos de calidad profesional. En el Defecaos no se ha emprendido con seriedad la tarea de profesionalizar y modernizar a los cuerpos policíacos mucho menos al Ministerio Público.Es triste el dato de la cantidad de agentes policiales y ministeriales consignados como presuntos responsables de delitos ante la autoridad judicial. En seis años se puso a disposición de jueces penales a 7,571 agentes preventivos y a 1,424 servidores públicos de la Procuraduría General de Justicia.La policía mexicana, del Defecaos miedo, se encuentra aún en una etapa primitiva, mientras el mismo gobierno aumenta los impuestos predial y otros a niveles expropiatorios, avalados por inmobiliarias a las que favorecen para sus tropelías. Los gobiernos perredistas heredaron la aguda inseguridad ciudadana de las administraciones anteriores. Desde mediados de la década de los ochenta se estropeó la seguridad pública. Sin embargo, como ya se anotó, la criminalidad está aumentando aceleradamente en el Defecaos. Es muy sensible el aumento registrado en el último año.No es tarea sencilla explicar por qué la incidencia delictiva alcanza en Defecaos miedo los niveles que ahora padecemos. Los vaivenes de la criminalidad siguen ritmos cuyo comportamiento tiene mucho de enigmático. Podría pensarse que toda gran urbe, por su concentración poblacional, sus movimientos económicos, sus diferencias sociales y su diversidad de actividades, necesariamente tiende a registrar una tasa considerablemente alta de delitos. Pero, si bien es cierto que el grueso de la delincuencia se aglutina en áreas urbanas densamente pobladas, no es una fatalidad que en éstas la incidencia delictiva crezca o permanezca invariablemente alta. En cualquier caso, es manifiesta la criminogénesis puesta en marcha por los gobiernos perredistas en el Defecaos miedo. tras la conversión de corporaciones clientelares antes priistas, los gobiernos perredistas entregaron las calles a comerciantes ambulantes, taxistas piratas, lavacoches y arrendadores de espacios de estacionamiento en la vía pública, padrotes policíacos, manifestantes profesionales del chantaje, ejecutores de cartelillos “no asociados” y diversas bandas de explotación criminal. La entrega no fue gratuita: pagan cuotas económicas y cuotas políticas. Las primeras han suministrado ingentes recursos monetarios a las campañas electorales. Las segundas aportan ejércitos heterogéneos y numerosos de militantes conversos dispuestos siempre a sumarse –junto con invasores de predios y aspirantes a viviendas– a marchas, mítines y cualquier acción de presión o cargada que necesite Ebrard, plantones y urnas. Las corporaciones obtienen así patentes de corso para sus operaciones. “Pero esas corporaciones están siempre con un pie en el puesto callejero y el otro en la delincuencia organizada, en los bajos fondos que van del simple contrabando hasta el narcotráfico, pasando por el secuestro, el pirataje, las ejecuciones, las narcotienditas, la vnta de protección, la prostitución, la pornografía infantil, el robo y el asalto.” No es difícil percatarse de la relación entre desorden callejero, delincuencia común y delincuencia organizada. El crecimiento exorbitante del comercio ambulante –que se ha adueñado impunemente de calles, plazas y hasta bulevares de los grandes almacenes– ha generado espacios que hacen recordar a las urbes sumidas en el caos y la anarquía (¡en el Defecaos miedo!), corte de los milagros de Víctor Hugo, o la “Ciudad Agónica” de Onhef. Nunca se había experimentado una invasión así del ambulantaje, bandas del crimen organizado y los manifestantes, brazo gritón del mismo cuerpo. Las variadas formas de comercio ambulante, además de conformar un ámbito apto para objetos robados, fracturan la continuidad de los espacios urbanos, obstruyen la vigilancia y facilitan los asaltos contra los transeúntes por las ventajas que ofrecen a los delincuentes para ocultarse y huir. Tanto los carteristas como los atracadores de conductores de vehículos privados y de pasajeros del transporte público tienen en el desorden callejero una efectiva protección y una probabilidad considerable de impunidad, facilitada ampliamente por el enfrentamiento de Ebrard con Calderón, que no es sino su manifestación de gran capo del Defecaos miedo.Esto forma parte de los círculos concéntricos de criminalidad: para mover la mercancía se requiere de un auto robado; para proteger lo robado se necesitan armas, y para mantener todo esto en una bodega se requiere contratar seguridad, lo que incluye la complicidad de la policía local: son células que interactúan. Una vez que se usó el auto para mover la mercancía y las armas usadas en su protección, ya no les sirve y optan por desmantelarlo. Venden las partes en el mercado negro y ese dinero les servirá para comprar armas. A eso se refiere la explosión de la delincuencia organizada, toda una red de delincuentes En el Defecaos miedo, de la antigua connivencia entre delincuentes y policías, y la metamorfosis de policías a delincuentes después de la jornada laboral, la vigencia efectiva de la ley ha menguado, e incluso da la impresión de haber desaparecido hasta convertirse en Defecaos. Por eso en el Defecaos miedo se han disparado los secuestros, la piratería, las ejecuciones, los asaltos ocurren a plein soleil y a la vista de la multitud atareada. Tomar un taxi pirata –pirata o no- es arriesgarse al asalto a mano armada y al minisecuestro; cualquiera puede ser asaltado cada quincena; los pobres, viajando en peseras, metrobuses o metros atestados, deben entregar sus relojes mientras una o varias mujeres son violadas al fondo del transporte desviado de su ruta. Los rufianes ocupan cualquier vacuidad de la autoridad… lY tal parece que todo es vacuo en este Defecaos miedo! La manifestación más salvaje de ese nuevo entorno social fue el linchamiento de tres policías en Tláhuac –dos de ellos asesinados–, cuyo único pecado fue estar cumpliendo con su deber de realizar una investigación sobre narcomenudeo en una escuela. Mientras la turbamulta los inmolaba frente a las cámaras de televisión, pudieron implorar ante los micrófonos de los reporteros una ayuda que no llegó porque el jefe de la policía preventiva capitalina, hoy Jefe de Gobierno electo, sencillamente no dio la orden que los habría salvado… Y hoy sigue igual. Lo más doloroso no fue el linchamiento, sino que pudo salvarse a los policías y, sin embargo, se los sacrificó, pues tuvo más peso en el jefe policíaco la negligencia y su partidismo, porque ayer como hoy, abomina por consigna de todo lo que no provenga de su PRD o de su titiritero. Hoy Marcelo Ebrard, han convertido al Defecaos en la ciudad del miedo. Aquella capital, en la que se podía caminar a solas casi por cualquier rumbo y a altas horas de la noche sin temor a un asalto, fue sustituida por una urbe donde la violencia extrema es cotidiana. Se ha venido imponiendo un ambiente de zozobra. Eso ha dañado la calidad de vida de todos, incluso la de quienes no han sido aún víctimas de la delincuencia, y se ha lesionado la cohesión social.La policía preventiva capitalina es corrupta e ineficaz, y está infiltrada en sus distintos niveles por delincuentes. De ahí que el rescate del Defecaos miedo, ciudad de México, exija, como primer paso, que el Presidente de la República ejerza plenamente sus facultades legales respecto de la seguridad pública en el Distrito Federal. Porque, en esta lucha, la victoria parece imposible sin que se ponga fin a la actitud de connivencia, o por lo menos de negligencia grave, que han observado las autoridades capitalinas ante la delincuencia. Y es que no podemos renunciar a recuperar “la ciudad que todos soñamos”. Esa renuncia equivaldría a aceptar la degradación definitiva del escenario en el que cotidianamente se nos manifiesta la vida, en un Defecaos miedo que se identifica cada día más con un actuar de Ebrard.
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